SANTA JOSEFINA BAKHITA
HERMANA UNIVERSAL
· INFANCIA FELIZ (1869 –1876)
Bakhita nació en 1869 en OLGOSSA, en el DARFUR, territorio al Sureste de SUDÁN habitado por los DAGIÚ, una de las etnias más importantes, asentada desde hacía siglos en aquella región. La familia de Bakhita era de un nivel social alto: poseían tierras con plantaciones y animales. Ella misma lo afirmaba: "Vivía plenamente feliz, sin saber lo que era el dolor". Bakhita tenía tres hermanos y tres hermanas. En 1874 la hermana mayor es raptada.
· DURÍSIMA ESCLAVITUD (1876 –1882)
En 1876 dos árabes raptaron a Bakhita, que tenía alrededor de siete (años Después de un mes de prisión fue vendida a un comerciante de esclavos (2º patrón) Con gran coraje la niña intentó huir, pero volvió a ser capturada por un pastor (3º patrón) y de nuevo vendida a un árabe de aspecto torvo (4º patrón), quien la volvió vender a un mercader de esclavos (.5º patrón). Un día fue golpeada y dejada tirada en el piso medio muerta y sangrante. Luego fue vendida a un general turco (6º patrón) Cuya esposa sometió a Bakhita a la tortura del tatuaje. La mujer encargada del tatuaje dejó sin cortar sólo el rostro, porque era muy bella, mientras en el pecho, en el vientre, en el brazo le hizo 114 tajos con la navaja. la pobre víctima parecía que iba a morir sobre todo cuando se le frotaba la sal en las heridas, para que los labios se mantuvieran abiertos, sumergida en un mar de sangre fue llevada a su jergón y, dejada allí por un mes sin un trapo para que se secara el agua que salía de las llagas.
"No he muerto por un milagro del Señor, que me destinaba a cosas mejores”
· HACIA LA LIBERTAD (1885 –1885)
En 1882 en Kartoum el general turco vendió Bakhita al cónsul Calixto Legnani (7º patrón) quien será muy bueno para con ella. Este le demostró enseguida benevolencia, haciéndole vestir por primera vez en su esclavitud, una túnica que le devolvería la dignidad de mujer. Él la hubiera llevado a su aldea Si Bakhita hubiese recordado su nombre, pero era demasiado pequeña en el momento de ser raptada para fijar datos precisos. Cuando en 1885 el señor Legnani iba a dejar África para ir a Italia, Bakhita pidió y obtuvo poder seguirlo. Se embarcaron junto a un amigo del cónsul, Augusto Michieli. El señor Legnani le regaló a su amigo a la joven africana en cuanto llegaron a Génova.
· EN ITALIA
El señor Michieli, rico comerciante de Venecia, la llevó consigo a una de sus mansiones en Zianigo de Mirano Véneto. Allí Bakhita durante tres años fue niñera de su hijita Alice, de sobrenombre Mimina. Los cónyuges Michieli eran buenas y rectas personas, pero no practicaban la religión. La señora Turina, ortodoxa, le había prohibido a Bakhita entrar en 1a Iglesia. La Providencia, sin embargo, había puesto en el camino de Bakhita al administrados de los Micheli, Iluminado Checchini, quien adquirió un rol fundamental en su camino de fe.
"Hombre con corazón de oro y de recta conciencia" lo definía Bakhita, quien siempre tuvo para con ella "un amor paternal". Fue él en efecto quien siendo ferviente cristiano, se preocupó por la formación religiosa de la joven africana. Cuando los Michieli en 1886 regresaron África donde habían adquirido un gran hotel en Suakim y condujeron con ellos a Bakhita, el buen Iluminado la vio partir con un cierto remordimiento, porque todavía no había logrado hablarle de Dios. Se sintió muy feliz cuando, al año siguiente, la vio regresar con la señora y la niña y se propuso hacer todo lo posible para el bien de aquella alma."¿Los misioneros, decía, van a África para convertir a los habitantes nosotros con esta pobrecita no haremos nada para iluminarla?".
Comenzó regalándole un pequeño crucifijo diciéndose a sí mismo: "Jesús, te la confío. Piensa tú en ella". También por su intervención cuando los Michieli tuvieron que partir a Sukim, Mimina y Bakhita fueron confiadas a los cuidados de las Hermanas Canossianas de Venecia. En este Instituto Bakhita fue admitida en el catecumenado. Transcurridos nueve meses, cuando la señora Michieli volvió a buscar a su hija y a aquella que de alguna manera consideraba su esclava, para llevarlas a África encontró en esta última una actitud muy decidida. Fue en ese momento que Bakhita aún catecúmena, demostró singular fortaleza de ánimo y una gran fe. En efecto, frente al afecto y la seguridad económica que le ofrecía la familia Michieli y la esperanza de reencontrar a sus seres queridos regresando a África, sin titubear, prefirió el amos a Dios y abandono en la divina providencia para su futuro humanamente muy inseguro. Por esto dijo con firmeza: "No, yo no puedo regresar a África porque allá no puedo profesar mi fe en el Señor” Quiero mucho a la señora y a su hija pero no puedo perder a mi Dios. Por eso yo me quedo”
Era el 29 de noviembre de 1889, recordará Bakhita en sus memorias.
Este momento de decisión valiente es el más significativo y el que dará rumbo a toda su vida. En esta dura lucha Bakhita fue sostenida también por el Patriarca y procurador del Rey quien la declaró libre, según la ley italiana que excluye la esclavitud.
· HIJA DE DIOS
Mientras se preparaba el gran día –9 de enero de 1890- día en que iba a recibir el Bautismo, la Confirmación, y la Primera Comunión de manos del Patriarca de Venecia, Card. Agostini, Bakhita tenía sentimientos opuestos: de un lado la profunda impresión de su propia indignidad, por el otro lado el gozo indescriptible de poder llegar a ser hija de Dios. Descubriendo el inefable amor divino, a veces se conmovía intensamente tenía luego momentos de turbación porque no lograba entender cómo el Señor podía llamarla a ella su hija, pobre negra, esclava, ignorante, que tenía no tenía nada para ofrecerle. Iba entonces a buscar a la Madre Fabretti su catequista, quien la tranquilizaba asegurándole que delante Dios no valen ni la riqueza, ni la sabiduría, cuenta sólo el amor. “Y tu ¿amas al Señor, no es cierto? Bakhita consentía, sonriendo contenta con los ojos humedecidos de lágrimas. “Vete en paz -concluía la Madre - y llámalo con confianza: 'Padre nuestro que estas en los cielos”
· HIJA DE MAGDALENA
Aún después de haber recibido el bautismo, en el que le impusieron los nombres de Josefina Margarita Afortunada Bakhita permaneció en el Instituto de losa catecúmenos, donde bien pronto sintió el llamado a la vida de especial consagración. Ella no se atrevía a expresar este deseo: se sentía demasiado indigna. Temía hacer quedar mal a la Congregación a causa de su piel negra. El confesor la reconfortó. Dios no mira el color de la piel, sino lo íntimo del corazón.
Bakhita fue aceptada y luego de tres años de Noviciado, el 8 de diciembre de 1890 emitió sus Santos Votos. El Card. Sarto, en aquel entonces Patriarca de Venecia, la examinó le dijo: "Emita los Santos Votos sin temor Jesús la quiere, Jesús la ama; ámelo Usted a El y sírvalo siempre así". La reconfortó además con respecto a la salvación eterna de sus seres queridos: "Dios tiene infinito modos para hacerse conocer y encontrar cuando elige a una criatura para hacerla su esposa - le dijo - piensa también en sus seres queridos".
· TESTIGOS DE BONDAD EN SCHIO
Después de la profesión religiosa emitida en Verona, la Madre Josefina Bakhita regresó a Venecia y luego fue destinada a la casa de Schio. Aquí permaneció 45 años conquistando en seguida la simpatía y la estima de todos los Habitantes de la ciudad que empezaron a llamarla cariñosamente "Madre Negrita".
Bakhita realizó el ideal indicado por la Fundadora, Santa Magdalena de Canossa que quería a sus hijas "anacoretas y apóstoles". En la iglesia y en la sacristía, como así también en la Portería o en la cocina estaba siempre con su Señor y cada día testimoniaba el amor del Señor a todas sus criaturas.
Durante la primera guerra mundial se dedicó con gran amor a aliviar los sufrimientos físicos y las angustias morales de todos aquellos que estaban cerca, en especial los soldados internados en e Instituto, empleado como Hospital militar. Durante la segunda guerra mundial la gente atribuyó a su presencia el hecho de que Schio fuera preservada de los bombardeos. Bakhita en efecto, cuando sonaba la alarma, decía: "No se preocupen, porque el Patrón sabe lo que, debe hacer, aquí no sucederá nada".
· CORAZÓN MISIONERO
Cuánto amaba a sus africanos lo manifestó desde su profesión religiosa. En aquel día expresó, desde lo mas profundo del Corazón, la siguiente Oración:
"¡Oh Señor, si pudiera yo volar allá hasta
mi gente y predicar a todos a gran voz tu bondad! ¡Oh, cuántos almas podría conquistar para vos. Entre los primeros, a mi mamá, a mi papá, a mis hermanos, a mi hermana aún esclava... A todos los pobres negros de África! ¡Haz, Jesús, que también ellos le conozcan y te amen!, Entre 1936 y 1938 la Madre Bakhita fue a Vimercate, sede del noviciado misionero canossiano. Aquella era para ella una base de apoyo en los viajes de propaganda misionera a diversas ciudades de Italia. Seguía a una Hermana que había regresado de China. Todos querían escuchar de ella misma su "maravillosa historia". De esta experiencia la Madre Bakhita dijo: "Muchos habrán pensado que yo me divertía en mis viajes, en cambio era para mí un martirio”.
Ella no se daba cuenta pero en todos lados dejaba un rastro de bondad.
· HACIA LA LIBERTAD PLENA
En plena guerra mundial y precisamente el 8 de diciembre de 1943, la Madre Bakhita celebró sus cincuenta años de vida religiosa. No solamente la comunidad, sino toda la ciudad de Schio festejó, aunque estaban en plena segunda guerra mundial.
Mientras tanto para Bakhita comenzaron los achaques: la artritis deformante, la bronquitis asmática que con tos sacudía su cuerpo. No había que maravillarse pensando en los sufrimientos padecidos en la juventud y en el frío clima nórdico al que no estaba acostumbrada. Durante su larga enfermedad nunca salió una queja de su boca, tanto es así que se le preguntó: “Madre Bakhita ¿usted no siente nada?” “Seguro que siento –contestó- estoy viva, son los muertos quines no sienten nada” “¿Por qué no se lamenta?” “Cuando la naturaleza quiere algo le digo: Ahora quédate quieta, luego pensaremos. Luego yo pienso en Jesús en la cruz, en la Dolorosa. Así la naturaleza se tranquiliza y no necesita nada más”. ¡Paciencia heroica!
En poco tiempo pasó de usar el bastón a la silla de ruedas, hasta que la bronco-pulmonía la llevó hacia su inexorable fin. Consciente y edificando a todas recibió los sacramentos. La Virgen María vino a confortarla en el momento del paso, el sábado 8 de febrero de 1947.
“¡Qué contenta estoy... la Virgen, la Virgen!” Fueron sus últimas palabras en el momento que dejaba la vida terrenal para alcanzar la plena libertad de los hijos de Dios.